jueves, 22 de diciembre de 2016

AYER PISE UNA MIERDA

Quién más quién menos, todos, en alguna ocasión, por muy guays que seamos hemos pisado una mierda. No una caca, no: ¡una mierda!. Pues a mi me tocó ayer (tampoco es la primera vez, pero juraría que hacía años que no me pasaba). Salía muy relajadito del fisio y para coger el coche decidí atajar y pisar metro y medio escaso de jardín. Llamarlo jardín es mucho llamarlo, de hecho me planteé por civismo no pisarlo y rodearlo, pero al fijarme que la hierba estaba tan alta y descuidada que llegaba a la mitad de la tibia, y como llevaba zapatillas deportivas y no iban a ser más de dos o  tres pisadas, me decidí por cruzar por la hierba y es ahí cuando ¡zas!: piso algo resbaloso -no me caí de espaldas de milagro- y rezo para que sea algún montón de hojas semi podridas por la humedad. Pero cuando miro la planta del pie, veo con una ilusión que para que os voy a contar, una plasta de mierda de perro (supongo, supongo, que no es que yo sea un experto en mierdas) de enormes dimensiones. Me cago en el puñetero animal (no en el perro, si no en el cerdo. El cerdo del dueño que no se preocupa de recoger los excrementos de su mejor amigo). Arrastro el pie por el césped, me quito la gran parte. Raspo, raspo y vuelvo a raspar la suela de la zapatilla contra el bordillo. ¡Hay que joderse con el puto cerdo!.
 Llego a la oficina. Me siento. Al rato empieza a apestar. Tengo que coger el flis-flis del ambientador, salir a la calle, rociarme la suela y con un monton de folios volver a raspar. Por lo menos el olor ha desaparecido, pero como la suela es rayada, la mierda (mi-er-da) se queda en los surcos y no hay manera. Todos sabemos que en estos casos o haces algo al respecto o tenemos mierda per sécula seculórum . Pues eso: que muy a mi pesar tenia que hacer algo al respecto...Asi que al salir de la ofi me tomé una cerveza donde Oscar y le cogí unos cuantos palillos (redondos que tienen un "umbral de quiebre" mayor que el de los palillos planos) y al aparcar el coche (en un garaje comunitario y más oscuro que la cueva de Alibaba), pacientemente me acerqué a la papelara (hay una de esas de suelo, es como un cajón enorme de chapa que esta dejado allí en el suelo junto a una columna, cerca de la curva en una zona bastante pobremente iluminada) y comencé a arañar la suela con el palillo y con un asco infinito. Por si eso ya fuese para poca risas, cada vez que alguien entraba o salía con el coche me miraban sin disimular sus temores de que fuese un yihadista o algún espécimen similar (mis pintas entre gitanillo y magrebí tienen entre otras este tipo de desventajas). Cada rato se apagaba la luz y tenia que empezar a menearme por el garaje a ver si algún detector de movimiento (programados para encenderse al paso de 1.500 kgs de coche, no por los saltitos de 65 kgs escasos de tirillas) hacía que las luces volviesen a darse.
¡Menuda estampa! Asi durante casi 15 minutos y para rematar la faena jodido de frío. Vamos,  la típica escena en la que si baja Angelina Joly y me ve cae rendidita a mis pies ante tal derroche de elegancia y glamour (ni el anuncio de tv del perfume de Carolina Herrera). Si al menos hoy me hubiese tocado el Gordo...

martes, 13 de diciembre de 2016

SOBRE MUERTOS VIVOS Y VIVOS A MEDIAS

Ley Universal:
 "Cuando al irte dejas un socavón tan gigantesco en la Vida de los tuyos, tú jamás morirás del todo".

Ley de Reacción o contrapunto negativo:
 "Ellos ya tampoco nunca vivirán del todo..."


miércoles, 23 de noviembre de 2016

TENEMOS EL PODER

Lo he leído en mil sitios, lo he escuchado ·cienes y cienes" de veces que diría Sabina, lo he razonado y aunque veo que hay una parte de verdad, no estoy del todo convencido de que seamos creadores de nuestra realidad. Lo de crear me parece un verbo de los que habría que escribir siempre en cursiva negrita. Crear, crear, lo que se dice crear...
Pero lo que sí que tengo cada vez más claro es que somos transformadores. La realidad, o la situación, o las circunstancias muchas veces nos vienen impuestas desde el exterior. Pero con un poco de consciencia y atención somos completamente capaces de transformar esa realidad, lo que tangencialmente por tanto implica crear o re-crear.
El acto de la transformación es increíblemente poderoso. No lo valoramos en su justa medida.
¡Ay, si fuésemos conscientes del poder que tenemos...! Imaginemos:
Nueve de la noche, frenas en seco porque otro conductor  no ha respetado una señal de stop y te encuentras sin tu pretenderlo en medio de una fuerte discusión de tráfico. Una situación incomoda, llena de tensión y de violencia contenida. Es altamente probable que este hecho te arruine lo que queda de día, cuando de pronto te das cuenta de que tú eres el jefe, tú llevas las riendas, tu mandas. Y decides de golpe y porrazo dar un giro inesperado y transformar esa realidad que te ha tocado. Empiezas por mirar a los ojos al otro conductor y sonreirle. "No ha sido para tanto, al fin y al cabo hemos tenido suerte. Son sólo hierros, ambos estamos bien. Un despiste lo tiene cualquiera. De hecho este mismo stop me lo salté yo una vez hace unos años. No hay mucha visibilidad... Los seguros se encargarán..." Y poco a poco ves como la situación va cambiando. Al principio de manera casi imperceptible, para luego ir modificándose más aceleradamente y pasando de un extremo al otro. Donde en un origen primaba una enorme rabia latente y lucha de intereses hay ahora el principio de una posible amistad.
No. No se trata de claudicar, de poner la otra mejilla ni de nada parecido. Se trata únicamente de girar las tornas y volverlas lo más favorables posibles. El salir del coche hecho un energúmeno e insultando es lo "lógico", lo que se espera de nosotros. Es más un patrón de conducta preestablecido que una decisión propia, razonada, personal y decidida con intención.
Así pues esta claro que somos mucho más libres cuando actuamos por decisión meditada y consciente que por mero acto reflejo. Hemos decidido sonreir y nos hemos librado de adoptar una respuesta  mecánica.
Lo mismo que esta situación, podemos transformar (en mayor o menor grado) cualquier otra.
Es esta la gran noticia (y también nuestra gran responsabilidad): tenemos el poder de transformar (que es casi tanto como decir que tenemos el poder de crear).

martes, 18 de octubre de 2016

LA CUARTA A LOS CUARENTA Y CINCO.


Sábado 08 octubre de 2.016. Estoy espidico total. Vicky me ofrece una tila. No gracias, no la quiero. Prefiero disfrutar de este estado que resulta de mezclar la euforia, el miedo, los nervios y la ilusión de estar a menos de 24 hrs de la salida de lo que será la I Maratón de Burgos.
Me apunté hace meses más por apoyar a los organizadores que por tener realmente la intención de correrla. Ahora estoy en capilla y no me he entrenado lo suficiente. Pero mi mayor miedo no es ese. Mis dos terrores son: 1- tener que recorrer dos veces el mismo circuito de 21 kms y pico cada vuelta. (La segunda va a ser sicológicamente muy dura), y 2- tengo pánico a verme solo y abandonado (en las anteriores ocasiones a mi lado iban otros 20.000 chiflados que también se calzaron las zapatillas y un público totalmente volcado con la prueba que animaba en cada centímetro del recorrido) por las interminables rectas de la Barriada Yagüe con el viento en contra cuando me haya tragado ya más de treinta kilómetros. Todo esto es lo que tengo en contra. ¿A favor?..., : a favor tengo la altimetría del circuito (totalmente plano, ni una sola cuesta), las ganas de terminar una Maratón en mi Burgati (y encima en su primera edición) y sobre todo tengo a favor mi coco. Un coco y una fuerza de voluntad que sé que son capaces de aguantar muchísimo más de lo que pueden soportar mis patucas o mi retorcida espaldita. Esa es mi gran baza. Lo sé y la voy a aprovechar.
Apenas duermo. Me levanto antes de las siete de la mañana. Desayuno mi agua con limón, mi batido de plátano, espinacas y kiwi, trato -como todos los días a primera hora - de ir al baño pero no hay manera, deben ser los nervios. Me afeito, me ducho, me unto a tope de vaselina pies, ingles, axilas y pezones y me visto: pantalón corto, camiseta sin mangas -la misma con la que hice las dos últimas Maratones en Madrid, con los nombres de Bruno y Vicky estampados en la espalda-, calcetines de los de a un euro tres pares y las Adidas que llevo utilizando los últimos dos meses. Iba a estrenar unos calcetines nuevos anti-ampollas pero al final decido correr con los Kalenji mierdosos de siempre y dejarme de experimentos. Me peino con un poco de cera y me echo unas gotitas de esencia de Lowe, que el correr no está reñido con el ir guapo y oler bien.
Salgo de casa a eso de las ocho y diez de la mañana. No ha amanecido del todo.Veo a otros dos atletas que van andando hacía la salida y les invito a subir al coche y los acerco. Aparco y me hago la foto de grupo. Estoy cardiaco. El corazón va a mil. Charlo con unos y con otros. Entro y salgo. No paro. Me coloco y recoloco el dorsal trescientas veces. Hace frío, debería ponerme una camiseta de manga larga. Afortunadamente recuerdo que en el maletero siempre llevo una bolsita con un pantalón corto, unas zapas y un par de camisetas viejas -una de manga corta y otra larga-, me la pongo debajo de la camiseta blanca. Me ha salvado la vida esta camisetilla. Se acerca la hora del pistoletazo y fiel a mi trastorno maniático-compulsivo me ato y desato los cordones mil veces. No consigo el punto de presión exacta sobre el empeine, o los noto demasiado flojos o excesivamente apretados... Cuando falta menos de un minuto para las nueve, los dejo como están (con doble vuelta para que no se me deshaga la lazada durante la carrera). Dan el pistoletazo y empiezo a correr. Da la sensación de que seamos bastantes corredores (al final entre la Media y la Maratón somos unos 1.100). Sigue haciendo frio. Es la primera vez que corro una Maratón con un reloj que mide distancias, tiempos, pulsaciones, ritmos... Los primeros kilómetros voy mirándolo. Ando a cuatro y poco el kilómetro. para mi es ir demasiado rápido, me da miedo pagarlo después, pero el caso es que me encuentro bien y no sé como voy a estar luego, asi que decido aprovechar y mientras pueda, ir trotando rápido y disfrutando de la carrera. En el km 5 dejo de consultar el reloj. La primera vuelta (21 kms) no se me hace excesivamente larga, pero cuando llegamos al Coliseum y veo gozar de su triunfo a los corredores que hacen la Media, me planteo muy seriamente si merece la pena intentar dar la segunda vuelta. ¿Tendré fuerza para otros 21 kms...?, no voy mal, pero es un palizón. Me obligo a no hacerme preguntas tontas y sigo carretera adelante sin darme la opción de parar. Sin dejar de correr me quito las camisetas y tiro la de manga larga a una papelera (y encesto), me pongo solo la blanca sin mangas y trato de disfrutar. A la altura de la Quinta vuelvo a ver a Vicky y a Bruno con su pancartita de ánimos y me dan un chute de energía oportunísimo. En la Pza Vega está mi padre y es otro motivo para animarme durante un rato. Los voluntarios y la policía local animan mucho más de lo que lo hayan hecho nunca en otras carreras aquí en Burgos, los patinadores más de lo mismo, y el poco público que hay por las calles -para Burgos no tan poco- animan como nunca y además se nota que la gran mayoría son corredores. No se escucha apenas el famoso "animo que ya no queda nada" y sin embargo sí que se escuchan frases del tipo "muy bien, asi a tu ritmo, concentrado", "venga, sois  grandes", "eso así, echándole huevos, sí señor"...No lo puedo evitar, para mi ese apoyo es fundamental a la hora de poder afrontar una Maratón.

 
A pesar de haberme hidratado -e incluso comido plátano cuando lo había- en todos los avituallamientos, un poco antes del 30 empiezo a sufrir a ratos y a partir del 32 ya es de manera continua. Bajo mucho muchísimo el ritmo. En el 38 -a la altura del San Juan de Dios- me pega una pedrada en la pierna izquierda, estoy a nada de la meta y aún asi temo no poder terminarla ni siquiera andando. Estiro un poco y consigo volver a trotar. Los cuatro kilómetros restantes son épicos (Una mezcla entre Carros de Fuego y el caracol mascota de Bob Esponja). Voy a seis y pico, casi siete. Más que correr me arrastro. La recta previa a la llegada se hace interminable, veo a Pablo y le pido, casi le ruego, que me espere en meta porque voy a necesitarlo -para que me masajee la pierna izquierda- nada mas llegar. Entro muy suavecito al Coliseum y veo en el crono mi tiempo: 3 Hrs 43 Min 13 seg.


De las cuatro que he corrido -las otras tres en Madrid- es mi segunda peor marca (la mejor la tengo en el 2.012 en 3 hrs 22min.) pero si para los que nos pateamos los 42 kms 195 mts de asfaltaco la marca nunca es lo más importante, en este caso lo es aún menos. Me da exactamente lo mismo.
Veo a Vicky y a Bruno en las gradas. También han venido Casta y Begoña con Adriel y Chus y Pablo con Sara. Me siento bien, no estoy tan cansado como creía. No me atrevo a parar de caminar por miedo a que me de el tirón. Malamente -porque no paro de moverme- consiguen ponerme la medalla de "finisher". Enseguida consigo que Pablo me de un "masajito de urgencia" allí mismo en el suelo. Noto que ya no hay peligro de que se me suba el músculo. Ya fuera, Pablo tiene el detallazo de regalarme un ramo de flores. La gente al verme llevarlas en la mano me miran alucinando, se deben creer que he ganado o algo así. Nos tomamos todos juntos una cerveza para celebrarlo. Hablamos de la magnífica organización de la prueba. Es increíble que sea la I edición y todo haya salido tan bien. Teniendo en cuenta el número de habitantes, en proporción, nada que envidiar a otras Maratones mucho más veteranas de grandes ciudades.
Son aproximadamente las 13.30 hrs del domingo 09 de octubre de 2.016, Voy al baño del bar y meo clarito-clarito. Mis riñones chutan perfectamente, el día esta precioso y hace nada que acabo de terminar mi cuarta Maratón, ¿qué más se puede pedir?. Tiempos y ritmos a parte, mi sueño era terminarla, y tirando más de voluntad mental que de fuerza física lo he vuelto a lograr. Prueba superada.
¡Tengo 45 años y soy maratoniano! (Y quieras que no eso se nota - y no solo en el asfalto-).

miércoles, 28 de septiembre de 2016

ENCUENTRO ¿FORTUITO?

Ayer a medio día viví una de estas bonitas "casualidades" con las que nos deleita la Vida. Habíamos ido a picar algo y al volver a casa, llevando a rastras la bici, con Vicky a un lado y Bruno al otro, pasamos frente al kebap. Generalmente siempre paso rápido y sin mirar porque no puedo con el olor requemado que sale de ahí. Pues aún así, estando pendiente de llevar la bici y con una persona a cada lado, de golpe y porrazo una cara me ha llamado la atención y sin darme mucha cuenta le he gritado desde fuera:
-¡Bolívar! Tú eres Bolívar, ¿no?...
Acto seguido entré al local, me puse frente a su mesa en cuclillas y le dije:
- Eres el oftalmólogo brasileño, ¿no?
El sonreía, creo que más que nada porque no sabía  qué otra cosa hacer. Estaba alucinando en colores.
- Eres un buen peregrino, adoras el chocolate y te has hecho el Camino unas cuantas veces ya, ¿eh?
Seguía sonriendo pero se le notaba tenso, con cierto temor me preguntó: "¿¡Quién eres...?!"
- Soy un mago. Puedo leer en los ojos de la gente ....-su cara era un poema-. No hombre, no... Coincidimos en el Camino de Santiago hace unos años, en abril del 2.009, ¿no te acuerdas?. Creo que fue en Pamplona y anduvimos unos pocos días juntos, bastante antes de Logroño ya nos despistamos...
No se acordaba. Estaba sorprendidísimo, pero la que realmente flipó fue Vicky: "Con tu mala memoria y tu monumental despiste ¿como has podido reconocerlo después de 7 años, viéndole de reojo y encima para más coña, acordarte de su nombre?... ¡Es increíble!"
El caso es que él había llegado a Burgos en autobús esa mañana y había parado solo un momento a comer, porque quería coger otro autobús hasta Castrojeriz.  Le dije que si quería, mientras terminaba su comida (de algún modo hay que llamar a esa cosa que tenía entre las manos) yo cogía  la llave del coche y le acompañaba a la consigna de la estación a recoger su mochila y luego lo acercaba hasta Castrojeriz.
Apenas si tengo unas treinta fotos del Camino, de ellas  yo no salgo en más de cinco o seis. Llevaban tremadas en una estantería desde hace más de siete años y resulta que cuando subí a casa las encontré sin tener casi que buscarlas y para colmo en una de ellas (tal y como a mi me sonaba) saliamos posando Bolívar y yo en algún pueblo de Navarra.
Le baje la foto y un helado de chocolate y nos fuimos para Castrojeriz.  Después de ver la foto, se fue acordando de nuestro encuentro durante el Camino y de unas cuantas divertidísimas anécdotas. En el viaje, escuchando a Julio Iglesias, nos reímos mucho y me volvió a hablar de la importancia de la meditación y de los beneficios de su práctica diaria, del awareness, de la plena atención, de la ecuanimidad, del chi-kun, de la importancia de no permitir que sea la mente la que rija nuestras Vidas... ¡y de otro montón de cosas!.
Es aquí cuando he de decir que Bolívar con sus 75 ó 76 años presume de tener la mente de un niño de 9 ó 10 años. Y es cierto: se está construyendo una casita -"muy funcional, pero en un lugar muy hermoso"- porque aún es joven. Dejó de trabajar a los 60 y se fue a vivir durante seis años a la India. Luego viajo por China y Japón y algún que otro sitio más. Para él "el Camino es un laboratorio donde poder sentir el momento presente".
Cuando me tropecé con él en el 2.009, no me cayó especialmente bien. No le entendía casi nada de lo que me hablaba, se lo rebatia todo y él sonreía y pasaba de mi (y de todo). Los pocos día que coincidimos caminado lo ví hacer varias veces unos extraños ejercicios energizantes a caballo entre el yoga, el chi kung y la gimnasia sueca. Lo vi comer con la boca medio abierta como si no hubiese mañana, disfrutando de cada bocado  y lo vi preguntar por todo y reir, reir mucho. Se reía -y se sigue riendo- con cualquier excusa. Me insistía en que la Vida, el Universo o como cada cual quiera llamarlo, se encarga de proveer y que nada es bueno ni malo. En esto ultimo hacía muchísimo hincapié. "No juzgar, no juzgar". Si no me lo repitió cien veces, no me lo repitió ninguna. ¡Cuánto tiempo necesite yo para entender al peregrino brasileño! no fue hasta por lo menos uno o dos años después de terminar mi Camino cuando empecé a comprender todo lo que me había contado.
Recuerdo que un día me lo encontré caminando muerto de risa y feliz como un niño, porque un agricultor le había regalado una botella de vino. El solo no podía bebérsela, y pesaba mucho para llevarla, asi que el encontrarse conmigo -que por supuesto le ayude a acabar con ambos problemas sin ninguna pega- le pareció otro regalo de la Vida. Y apoyados en un murete de piedra, con unos pocos frutos secos nos pimplamos bien a gustito la botella.
En resumen: el amigo Bolívar fue de las dos o tres personas determinantes para mi en el Camino de Santiago, para Albert Espinosa sería uno de mis "amarillos", de esas persona que con poco tiempo influyen de una manera trascedental en tu planteamientos y en tu Vida en general. El problema que tuvo el pobre Bolívar fue que se enfrentaba a una mente sumamente racional, cuadriculada y manipuladora que necesitaba que la alimentaran y la entretuvieran a base de ideas muy bien estructuradas, sustentadas en muchas -muchísimas- palabras. El en cambio es de pocas palabras y de mente reposada. Por eso me costaba tanto entenderle.
Ayer me decía que quería que hiciésemos juntos un poco de Chi Kung al llegar a Castrojeriz, pero no pude porque eran ya casi las cinco y tenía que ir a trabajar (llegué a la oficina casi a las seis de la tarde) pero mereció la pena. El haber podido disfrutar, tanto tiempo después, otro ratito de sus enseñanzas fue un regalazo de esos con los que de vez te sorprende la Vida.
Una vez que ya llegamos al pueblo  me dio su correo electrónico (en el Camino no habíamos intercambiado nuestros datos ya que tampoco contábamos con despistarnos y por tanto no habíamos tenido absolutamente ningún contacto desde abril del 2.009 hasta ayer), me insistió en que tengo que ir -junto a mi mujer y mi hijo-  a visitarlo a Brasil.
Bolívar me ha dejado un par de pistas sobre las que investigar, un abrazo lleno de energía y vitalidad y el recuerdo de una preciosa conversación mientras atravesábamos los campos de Castilla con la banda sonora del gran Julito en una hermosísima tarde de finales de Septiembre.

jueves, 22 de septiembre de 2016

15 ANIVERSARIO

Juraría que últimamente ya ni Rita lee este blog. La culpa es mía porque lo tengo bastante abandonado. Y aunque obviamente escribo para ser leído, el saber que no hay público al otro lado del telón, me vuelve a dar la libertad de escribir sin pensar en las posibles reacciones de algunos potenciales lectores. Y hoy estoy en uno de esos días. Un día en el que me apetece escribir una entrada ñoña y cursi. Una entrada de esas que harían potar a más de uno por su excesiva carga de edulcorante. Pero como ya nadie me lee, pues eso: ¡que me da igual!.
Que hoy estoy pletórico (más todavía de lo acostumbrado), porque hoy hace quince años que me casé con la mujer más HERMOSA del planeta. A sus 45 añitos sigue teniendo un físico que me vuelve loco y del que no me canso de gozar una y otra y otra y otra vez. Por ella no pasa el tiempo, aparenta al menos diez años menos de los que tiene. Pero sobre todo es BELLA, sumamente bella, en su alma. Tiene el alma mas bonita, más pacífica y más sabia de todo el cosmos. Y ¿Quién  no va a estar locamente enamorado de un alma así?
Desde aquel 22 de septiembre del 2.001, han transcurrido ya cinco mil y muchos días, y ni uno solo de ellos ha pasado sin dejarme ese poso de felicidad, esa increíble sensación de plenitud que solo alcanzo cuando disfruto de saberla compañera de mis variopintos y atolondrados viajes a tierra de nadie.
Hoy estoy por tanto pletórico. Pletórico y agradecido. Agradecido por sus constantes mimos, por los miles de despertares a su lado, por todas y cada una de las manzanas peladas para mis cenas, por su comprensión hacía mis debilidades, por su paciencia infinita, por no haber exigido nunca que dejase de ser quién soy para convertirme en alguien más útil a niveles prácticos y económicos. Agradecido por poder ser con ella más "yo" de lo que me atrevo a ser con nadie (junto a ella, puedo incluso estar callado durante horas). Agradecido por ese hijo maravilloso que se gestó en su vientre. Agradecido por haberme elegido hace muchos años, pero sobre todo agradecido porque me sigue eligiendo cada día. Agradecido en resumen por concederme el honor de ser su COMPAÑERO en esta irrepetible aventura que es la VIDA.
¡Gracias Vicky, te quiero con toda la pasión del Universo!.


miércoles, 8 de junio de 2016

¿Y COMO ES EL?

Sabes que no me gusta ser espía al servicio de nadie. No me gustan los cotillas que van de detectives secretos y que encima siempre encuentran una excusa para justificar su insana curiosidad. Pero te he hecho el favor y lo he observado, no lo he espiado pero sí lo he observado.
Primera conclusión: no te ha salido nada mal. Tú, siempre con tus miedos a equivocarte, a no hacerlo bien... Pues no, no te has equivocado. Me atrevería a decir que al revés, que ha sido un pleno al quince. Se le ve bien. Buena gente. Tranquilo. Feliz. Disfrutando.
No ha llegado, como muchos esperabais, a destacar en nada (en nada de nada) pero es mediocre, tirando a pasable en muchos y muy diversos palos.
Sé que el tema económico no es lo que más te preocupaba de él, pero si me pongo a hacerte el informe completo he de decirte que en ese aspecto ni fu ni fa. No le falta. No le sobra. No le preocupa, ¡¿Te parece poco?! ¡No le preocupa...! O sea que se podría decir que en el fondo va sobrado...
A niveles afectivos, da la impresión de funcionar suave y preciso. Está enamorado. No hay más que verlo. Esta enamorado de su mujer y de su retoño.
Parece ser que últimamente algún amigo casi lo decepciona, pero también parece ser  que ha aprendido a encajar que cada cual es cada cual y hace sus cadacualadas con lo que no se lo toma muy a pecho.
Es responsable y trabajador, pero no lo veo esclavizado como antaño de los horarios y las responsabilidades.
Es muy bueno poniendo tiritas, no podría nunca ser cirujano ni mucho menos, pero prepara los frenadoles como nadie y antes incluso de que uno estornude.
Antes era abstemio, ahora no. Ahora bebe. pero no parece preocupante (al menos por ahora). Un poco de vino y alguna que otra cerveza.
Vamos, que tampoco es que lo conozca en profundidad. (¿Quién sería tan osado de creer conocer realmente a alguien?) Pero así, a primera vista, da el pego y creo que como persona es de esas de las que merece la pena.