martes, 21 de noviembre de 2017

CON GANAS.


Pues así andamos. En esas estamos. Con ganas de escribir, pero sin nada que contar.
Aún a riesgo de dar un poco por culo al respetable y despertar las envidias de algunos verderones, y aburrir con lo de siempre al resto, no puedo contar ninguna pena. Ni siquiera inventandomela. Al revés, soy feliz y lo que todavía es más punible: ¡consciente de serlo!.
A pique de terminar el 2.017 con 46 años y cada segundo que pasa más enamorado de la Vida. Mas que lleno, repleto. Repleto de felicidad cada vez que gozo de la luz que emana de la mirada de Bruno. Feliz con mi Vida. A gusto con el trabajo, enamorado de Vicky y requeteloco con mi niño.
Disfrutando. Disfrutando de estos días frescos pero de sol blandito, de estos vinos a medio día, de estas carreritas por los pinares, de estas sonrisas pescadas al aire, de estas canciones que acarician el alma, de estos platos guisados con tanto cariño, de tantos y tantos regalos que me brinda a diario la Vida. Esta Vida tan generosa conmigo y con los míos.
Fundamental en este momento de mi existencia, no despistarme. No es tanto el estar atento, -que también- como el no despistarse. Lo primero conlleva más esfuerzo y genera un poco más de estrés que lo segundo. En lo que ahora estoy, por tanto, es en no despistarme. Tratar de percibir lo evidente: la perfección de esos "árboles urbanos" que pueblan la Avenida del Cid, la simpatía madrugadora de Oscar, la luminosidad del río Vena a su paso por Reyes Católicos, la belleza completa, redonda y oronda de Vicky, la sensación de libertad al pedalear cuesta abajo, el placer máximo y voluptuoso de una siesta con "Love songs" de Julito sonando a tope...
Y asi un suma y sigue hasta el infinito y más allá, Y por todo esto y por muchísimas cosas más, no me canso de dar las gracias una y otra vez. Gracias a Dios, gracias a la Vida que son (es) lo mismo: un único y exclusivo regalo que saboreo recreándome en cada brizna de inspiración.
¡Gracias!

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡GRACIAS!

He intentado decíroslo varías veces, pero me cambiaís siempre de tema y no me dejaís explayarme. Asi que me veo obligado a escribíroslo. Espero no alargarme demasiado y no resultar muy plomo, porque de hecho lo que intento es bien fácil: daros las GRACIAS. Quiero y necesito -es casi una necesidad física- daros las gracias por todo. Dejo a un lado lo "sentimental" (el haber parido a vuestra hija -mi mujer-, el quererme tanto durante tantos años -eso es mútuo y mola mucho- y otras mil cosas) y me centro únicamente en el aspecto "material".
El otro día volvia de Santander. Y me paré a pensar: voy conduciendo un Mercedes que vosotros nos regalasteis, vuelvo de pasar diez días en una casa en pleno Sardinero, una casa con su plaza de garaje, una casa que siempre que quiero la encuentro disponible, con la nevera llena y encima nunca faltan unas botellas de vino por si se me antojan. Una casa por la que en mi vida he tenido que pagar un duro y que resulta que igual que el Mercedes que conduzco también es vuestra.
Por citar unas pocas cosas de las que me regaláis asi porque sí podríamos hablar de un montón de años haciendo de niñera de Bruno todas las mañanas y ahora cada vez que no hay cole, las merlucitas, los rapes, los sobres de jamóm, los solomillos, las botellas de vino y de aceite que nos dais cada dos por tres, el regalo de Reyes de cada Navidad, las cientos de veces que nos invitais a comer a restaurantes a los que si no no iríamos nunca, etc, etc...
Y si a eso le sumo la sensación seguridad que me aporta el saber que siempre os tenemos ahí para cualquier necesidad sea del tipo que sea (desde mandar a un chispas a casa a poner unos alógenos a reclamarnos la devolución de unas acciones en Caja Madrid...).
No exagero si os digo que no hay manera de agradeceros todo lo que me regaláis a diario - y ya os digo que no entro en el terreno emocional porque si no, no acabo ni aunque me reencarne tres veces más-.
Asi que resumiendo: ¡¡¡ GRACIAS CARMEN y TOMAS!!!!

jueves, 10 de agosto de 2017

LO BARATO SALE CARO


Ayer por la tarde necesitaba una foto de carné para la Depor, y pasaba de ir a la tienda más próxima a mi casa porque no simpatizo demasiado con el dueño. Como a las 17.00 tengo que estar en la oficina, salgo de casa a las 16.25 me cojo la bici y -con un tremendo viento en contra- me subo hasta el fotomatón de tráfico, el de toda la vida. Pues hete ahí que ya no lo hay, se ve que lo  han quitado. Bajo por la calle San Juan por si hay alguno, Lain Calvo, Pza Catedral, Puente Santamaría... y por fin en la Pza Vega, ¡zas! ahí está mi foto maton, rodeado de quinquis chunguis pero me da igual, me bajo de la bici me meto dentro, bajo el asiento -media hora girando para uno y otro lado porque nunca he sabido hacia donde se atornilla y hacia cual se desatornilla-,  sin cerrar la cortina porque me da miedo que me pispen la bici. Saco un montón de monedas. Las meto, y con las mismas me las devuelve;  las vuelvo a meter  y otra vez me las devuelve, asi hasta cuatro o cinco veces. Pruebo con un billete de cinco euros. Tampoco. A todas estas, los moritos no me quitan ojo:  "Este primo nuestro es medio bobo, o nos está chuleando con tanto mete y saca pasta y tanto rollo".
Claudico, ya son casi las 17.00, me vengo a la oficina -de camino me cruzo con el dueño de la tienda de fotos de frente a mi casa y nos miramos de reojo-. Me dice Laura, mi compi, que mejor voy a un estudio a la C/San Juan, que está aquí al lado, las hacen mejor y que me pueden costar unos 6 u 8 euros. Me parece carísimo y me decanto por subir a la Bolera ("en la Bolera, dentro, tienes uno, estoy segura, y si no frente a la Policia Nacional"). Lo que sopla en contra no es viento es el puto Katrina en persona. El molinillo de la bici no da a basto y casi se disloca. Mil pedaladas más tarde y todo sudoroso, llego a la Bolera: cartelito en la puerta "Cerrado por Reforma", decido acercarme hasta la Policia Nacional, a ver si tengo más suerte . El viento sigue empeñado en tirarme de espaldas. El fotomatón está ahí, y parece que funciona. Repetimos operación: vueltas y vueltas para bajar el taburete, cortinilla abierta no vaya a pasar por ahí algún amigo de lo ajeno que se encapriche de mi bici. Me siento. Elijo el formato - 2 euros, que bien que baratito-. Cierro la cortina, pongo cara de madurito interesante. Flashazo. Compruebo que mi bici sigue ahí. Salen las fotos: no, corrijo: sale la foto. Es solo una. ¡Pero que una! es enorme. Esto vale para el marco de alpaca plateada de casa de la abuela, pero no para un carné de piscina.
Hala, va: otra vez. Elijo otro formato. Este sí. Tenía que haberme fijado bien antes. Como ya me sé los pasos, todo va más rápido. Salen las fotos. Esta vez son dos. pero siguen siendo muy grandes, del tamaño de una tarjeta de visita, la típica para regalársela a tu mujer y que la lleve en la cartera. No me lo puedo creer, no puedo ser tan tonto... Leo por enésima vez las instrucciones y las opciones de fotos. ¡No me jodas, que las que yo quiero van a ser las de 5 eur!. Dale, ya puestos, no me voy a ir sin las putas fotos, aunque ganas me dan. Meto los cinco eurazos -y ya van nueve-. Espero un poquito y tengo mis fotos. Vale que me fundí nueve euros y tuve que subir a casa Nerón para conseguirlas pero ojito, ahora tengo fotos para dar y regalar de aquí al próximo paso del Cometa Halley.
Me sentí -es una sensación bastante habitual en mi- igualito, igualito a Mister Bean. ¡Ay!

jueves, 18 de mayo de 2017

jueves, 22 de diciembre de 2016

AYER PISE UNA MIERDA

Quién más quién menos, todos, en alguna ocasión, por muy guays que seamos hemos pisado una mierda. No una caca, no: ¡una mierda!. Pues a mi me tocó ayer (tampoco es la primera vez, pero juraría que hacía años que no me pasaba). Salía muy relajadito del fisio y para coger el coche decidí atajar y pisar metro y medio escaso de jardín. Llamarlo jardín es mucho llamarlo, de hecho me planteé por civismo no pisarlo y rodearlo, pero al fijarme que la hierba estaba tan alta y descuidada que llegaba a la mitad de la tibia, y como llevaba zapatillas deportivas y no iban a ser más de dos o  tres pisadas, me decidí por cruzar por la hierba y es ahí cuando ¡zas!: piso algo resbaloso -no me caí de espaldas de milagro- y rezo para que sea algún montón de hojas semi podridas por la humedad. Pero cuando miro la planta del pie, veo con una ilusión que para que os voy a contar, una plasta de mierda de perro (supongo, supongo, que no es que yo sea un experto en mierdas) de enormes dimensiones. Me cago en el puñetero animal (no en el perro, si no en el cerdo. El cerdo del dueño que no se preocupa de recoger los excrementos de su mejor amigo). Arrastro el pie por el césped, me quito la gran parte. Raspo, raspo y vuelvo a raspar la suela de la zapatilla contra el bordillo. ¡Hay que joderse con el puto cerdo!.
 Llego a la oficina. Me siento. Al rato empieza a apestar. Tengo que coger el flis-flis del ambientador, salir a la calle, rociarme la suela y con un monton de folios volver a raspar. Por lo menos el olor ha desaparecido, pero como la suela es rayada, la mierda (mi-er-da) se queda en los surcos y no hay manera. Todos sabemos que en estos casos o haces algo al respecto o tenemos mierda per sécula seculórum . Pues eso: que muy a mi pesar tenia que hacer algo al respecto...Asi que al salir de la ofi me tomé una cerveza donde Oscar y le cogí unos cuantos palillos (redondos que tienen un "umbral de quiebre" mayor que el de los palillos planos) y al aparcar el coche (en un garaje comunitario y más oscuro que la cueva de Alibaba), pacientemente me acerqué a la papelara (hay una de esas de suelo, es como un cajón enorme de chapa que esta dejado allí en el suelo junto a una columna, cerca de la curva en una zona bastante pobremente iluminada) y comencé a arañar la suela con el palillo y con un asco infinito. Por si eso ya fuese para poca risas, cada vez que alguien entraba o salía con el coche me miraban sin disimular sus temores de que fuese un yihadista o algún espécimen similar (mis pintas entre gitanillo y magrebí tienen entre otras este tipo de desventajas). Cada rato se apagaba la luz y tenia que empezar a menearme por el garaje a ver si algún detector de movimiento (programados para encenderse al paso de 1.500 kgs de coche, no por los saltitos de 65 kgs escasos de tirillas) hacía que las luces volviesen a darse.
¡Menuda estampa! Asi durante casi 15 minutos y para rematar la faena jodido de frío. Vamos,  la típica escena en la que si baja Angelina Joly y me ve cae rendidita a mis pies ante tal derroche de elegancia y glamour (ni el anuncio de tv del perfume de Carolina Herrera). Si al menos hoy me hubiese tocado el Gordo...

martes, 13 de diciembre de 2016

SOBRE MUERTOS VIVOS Y VIVOS A MEDIAS

Ley Universal:
 "Cuando al irte dejas un socavón tan gigantesco en la Vida de los tuyos, tú jamás morirás del todo".

Ley de Reacción o contrapunto negativo:
 "Ellos ya tampoco nunca vivirán del todo..."


miércoles, 23 de noviembre de 2016

TENEMOS EL PODER

Lo he leído en mil sitios, lo he escuchado ·cienes y cienes" de veces que diría Sabina, lo he razonado y aunque veo que hay una parte de verdad, no estoy del todo convencido de que seamos creadores de nuestra realidad. Lo de crear me parece un verbo de los que habría que escribir siempre en cursiva negrita. Crear, crear, lo que se dice crear...
Pero lo que sí que tengo cada vez más claro es que somos transformadores. La realidad, o la situación, o las circunstancias muchas veces nos vienen impuestas desde el exterior. Pero con un poco de consciencia y atención somos completamente capaces de transformar esa realidad, lo que tangencialmente por tanto implica crear o re-crear.
El acto de la transformación es increíblemente poderoso. No lo valoramos en su justa medida.
¡Ay, si fuésemos conscientes del poder que tenemos...! Imaginemos:
Nueve de la noche, frenas en seco porque otro conductor  no ha respetado una señal de stop y te encuentras sin tu pretenderlo en medio de una fuerte discusión de tráfico. Una situación incomoda, llena de tensión y de violencia contenida. Es altamente probable que este hecho te arruine lo que queda de día, cuando de pronto te das cuenta de que tú eres el jefe, tú llevas las riendas, tu mandas. Y decides de golpe y porrazo dar un giro inesperado y transformar esa realidad que te ha tocado. Empiezas por mirar a los ojos al otro conductor y sonreirle. "No ha sido para tanto, al fin y al cabo hemos tenido suerte. Son sólo hierros, ambos estamos bien. Un despiste lo tiene cualquiera. De hecho este mismo stop me lo salté yo una vez hace unos años. No hay mucha visibilidad... Los seguros se encargarán..." Y poco a poco ves como la situación va cambiando. Al principio de manera casi imperceptible, para luego ir modificándose más aceleradamente y pasando de un extremo al otro. Donde en un origen primaba una enorme rabia latente y lucha de intereses hay ahora el principio de una posible amistad.
No. No se trata de claudicar, de poner la otra mejilla ni de nada parecido. Se trata únicamente de girar las tornas y volverlas lo más favorables posibles. El salir del coche hecho un energúmeno e insultando es lo "lógico", lo que se espera de nosotros. Es más un patrón de conducta preestablecido que una decisión propia, razonada, personal y decidida con intención.
Así pues esta claro que somos mucho más libres cuando actuamos por decisión meditada y consciente que por mero acto reflejo. Hemos decidido sonreir y nos hemos librado de adoptar una respuesta  mecánica.
Lo mismo que esta situación, podemos transformar (en mayor o menor grado) cualquier otra.
Es esta la gran noticia (y también nuestra gran responsabilidad): tenemos el poder de transformar (que es casi tanto como decir que tenemos el poder de crear).