miércoles, 5 de noviembre de 2014

LOS ALDEANOS Y EL MIEDO (IMPUESTO).

Hace muchos, muchos años, había una pequeña aldea, situada entre montañas. Durante siglos la aldea estuvo incomunicada. Pero hace ya tres décadas que se abrieron dos túneles que comunicaban la plaza del poblado con el otro lado de la cordillera. La estatua del fundador señalaba orgulloso con cada una de sus manos, las dos entradas (una a la derecha y la otra a la izquierda). Cuentan que al poco de inaugurarse los pasadizos se llenaron de salteadores y asesinos, y salvajes violentos. Cada vez que uno quería entrar o salir de la aldea era inevitablemente expoliado y golpeado. Daba igual elegir una u otra entrada, el resultado era el mismo: se llegaba al otro lado zurrado, vilipendiado y muy, muy desilusionado. Cuentan también que un determinado día un aldeano decidió abrir un nuevo túnel y así poder evitar estos descalabros. Antes tan siquiera de abrir el paso al público, los extorsionadores de ambos pasajes comenzaron a descalificar al osado constructor: "es un terrorista, es una mala bestia, ¿de verdad os podéis creer que se puedan cruzar las montañas sin ser asaltado? ¡no seáis crédulos! ¡el fin esta cerca, la aldea se despoblará, nadie vendrá a nuestro mercado de los lunes, como van a venir si saben que les van a robar..., ¿estáis locos o que? no se os ocurra cruzar por el nuevo pasaje...." Nada es tan efectivo como el miedo. Impón el miedo y nublarás razón, el terror paraliza la lógica. Los salteadores lo sabían y así lo hicieron. Pronto los propios lugareños empezaron a desconfiar y a tener auténtico pánico de un camino que ni siquiera estaba aún en funcionamiento. "Si me van a hostiar, por lo menos que sean profesionales. Además hasta ahora nos apalean, pero dicen que este quiere empalarnos y mandar nuestros testículos a una fabrica de piensos en Caracas..." ¿El fin del cuento?: en breve.

1 comentario:

David Tejedor dijo...

Magnífico,para variar.