sábado, 11 de octubre de 2014

AHI LO TIENES: EL TONTO DEL HOSPICIO Y SU CHEPA DANDO VUELTAS Y MAS VUELTAS AL PATIO, EL SOLITO Y SUS TEMORES.

Tengo ganas de escribir. De golpe tengo ganas de escribir. De escribir del tirón, sin releer ni mucho menos corregir. Tengo ganas de vomitar mi miedo de los últimos días, mi sensación de desasosiego permanente, de orfandad extrema. Tengo ganas de escribir muy rápido pero sin ninguna prisa. Escribir sin saber de qué. No tengo nada que contar y sin embargo necesito gritar que te echo mucho de menos, te echo jodidamente de menos, y a la Tita también (al Tito un poco menos, pero si lo pienso resulta que no, que a él también lo añoro). Y que a veces la melancolía de aquellos años de niñez me estrangula las costillas y me tuerce el esqueleto y yo voy y me hago un tac y unas telemetrías de la columna y culpo a la escoliosis. Y es esas veces cuando el miedo que anidaba a escondidas, brota. Brota y lo invade todo, como la mala hierba, y llega a tapar el regato y solo se ven zarzales y ortigas. Pero no estoy mal. No, no lo estoy, mentiría si dijese eso. Al revés. Pero el sentimiento de hospiciano y de fragilidad, de más que miedo terror, no me lo quita ni el tato. Y ya esta. Ya pasó. Hala, hala. No es nada. Venga va... a dormir, anda... Así, así, muy bien, muy bien. Una pena no encontrar una imagen de un hospiciano de postguerra, delgaducho, rapado y soplillo para adornar el texto. La imagino en una foto gris sepía, roída en la esquina superior derecha, con dos cicatrices de haber estado mal doblada en el fondo de alguna caja de latón. No me enternece lo más mínimo, al contrario: más bien el jodido niño feo, asusta.

1 comentario:

David Tejedor dijo...

Sencillamente espectacular!!!