domingo, 25 de septiembre de 2011

5 LITROS

Tengo mal cuerpo. El alma encogida. Y no exagero.
Si vas a hacer la compra a Mercadona un sábado por la tarde, ya sabes lo que hay: parece la Warner. Adolescentes y preadolescentes cargándose de botellas y más botellas.
Entiendo el botellón, llego también a entender que no sean conscientes del daño que hacen a sus cuerpos aún en desarrollo con esas ingestas indiscriminadas de alcohol. Pero nunca he comprendido que después dejen todo tirado por el suelo: botellas, bolsas de plástico de los diferentes supermercados, envases de patatas fritas... Desolador salir un domingo por la mañana a correr por Fuentesblancas, y ver los desastres resultado de la juerga de la noche anterior.
Pero me estoy yendo, ese no es el tema...
Lo que me ha dejado con el corazón en un puño es ver como los chavales nada más salir de Mercadona, cogen las garrafas de agua mineral de cinco litros que acaban de comprar, las abren, las apoyan en el bordillo y las dejan vaciar. El agua cae a la calle, y corre hacia la alcantarilla. ¡Cinco litros! ni más ni menos. Las vacían con total indiferencia, mientras fuman y escuchan canciones en sus móviles de ultima generación. Ni tan siquiera miran el agua correr. Apoyan la garrafa de tal manera que se vacía sola, sin necesitar ellos prestar atención.
Las vacían para tener un recipiente donde mezclar el vino con la coca-cola, el kas con el vodka, o lo que quiera que sea que beben. Es por lo visto una práctica habitual, porque había tres grupos diferentes haciéndolo.
¡Cinco litros de agua mineral!. Desconozco su precio (bebo siempre agua del grifo) pero gracias a Dios, no desconozco su valor. Estos chavales sin embargo no tienen ni puta idea del valor de lo que están tirando al suelo, cómo mucho sabrán lo que han pagado por ella, para poder hacer cuentas al final de la noche de a cuanto les toca poner a cada uno para el botellón, pero como digo, ni puta idea de que en ese mismo momento hay niños de las edades de sus hermanos pequeños, muriéndose a causa de las enfermedades que contraen por beber agua insalubre, que hay mujeres que hoy han caminado más de diez kilómetros (aproximadamente dos horas) para conseguir sólo la mitad de agua que ellos desperdician en tan solo cinco minutos y que con esa cantidad que lleva la mujer a casa su familia tiene que beber, cocinar y si sobra algo asearse minimamente. Si esa madre viese lo que he visto yo hoy, seguramente caería al suelo llorando impotente, y no sabría que decir, porque no podría comprender ese despilfarro sin sentido. No haría nada porque no creería lo que esta viendo. ¿Cómo se puede tirar al suelo algo tan necesario, tan fundamental para la vida?.
Sólo en una sociedad tan loca como la nuestra puede pasar algo así.
No pretendo que los chavales se cuiden y en vez de destrozarse el higado bebiendo, les de por ir al cine, por leer, o por colaborar con la cruz roja visitando ancianitos, no soy tan ingenuo. Pero tampoco sería tanto pedir que llevasen la garrafa en el coche (esa es otra: he alucinado, no hay dinero, estamos en crisis, y estos mocosos tenían el que más un BMW y el que menos un 306) y así se evitasen el tener que comprar y sobre todo después desperdiciar cinco litros de agua.
Sus padres, tal vez, podrían proponérselo, porque no me creo que sus padres no hayan visto nunca una escena similar a la que relato hoy. Y aunque nuestros hijos son siempre los mejores, los mas guapos, los mas listos y los más sanos y no hacen botellón, no estaría de más que les hablásemos de lo destructiva, ilógica y peligrosa que es la opulencia y la estupidez.
Ojalá que nunca estos chavales de hoy sufran escasez de agua y tengan que acordarse con pesar y arrepentimiento de tanto derroche chulesco.
Ah! Y ojalá, por nuestro bien, no se cansen un día todas las madres del planeta que caminan esos diez kilómetros y esos niños moribundos y sus padres, y se suban para acá, al mundo de los gilipollas (estamos todos gilipollas perdidos, no solo los chavalillos del botellón), ojalá no se cansen y suban, digo, a nuestro queridísimo mundo consumista y hueco, a "poner un poco de orden".

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