sábado, 4 de junio de 2011

VERANO DEL 79

Lo despertó la poquita luz que se colaba por la veneciana. Abrió lo ojos. Su hermano ya no estaba en la cama de al lado. Se levantó, se calzó las chanclas, hizo pis y sin lavarse las manos salió a la calle. Cruzó el pasillo que unía el garaje con el chalé. El Tito trasteaba en la cocina y en la mesa ya había preparada una gigantesca pirámide de tostadas, magdalenas y bollitos de cerdo. Le dio un beso en la mejilla y él le pellizco en el lomo. Se sentó a la mesa a desayunar. A esas horas (a nadie le importaba un carajo que hora era) la cocina era un hervidero de voces y gente entrando y saliendo. Gruñó algo a sus hermanos. Entró la Tita, que como siempre lo achucho y se lo comió a besos antes de repetirle una vez más lo guapo, listo y bueno que era. Al acabar de desayunar le pusieron el bañador y una camiseta de superman, le obligaron a lavarse la cara y a calzarse las alpargatas y el Tito lo cogió de la mano, lo monto en el coche y bajaron al pueblo.
- "Buenos días Don Luis, menudo sobrino guapo tiene..."
- "Buenos días Don Luis, ¿qué deseaba...?".
- "Buenos días Don Luis ya han venido sus sobrinos, ¿eh?...".
Le encantaba bajar al pueblo con el Tito, de hecho le encantaba ir a cualquier sitio con él. Le gustaba verlo desenvolverse con ese aire mundano, sonriendo a todo el mundo mientras todos lo llamaba de Don y lo apreciaban. Hicieron la compra. Antes de volver pararon en el bar del churrero. Una caña, un mosto rojo y unas patatas fritas. Para hacerlo reír el Tito condujo dando volantazos de un lado al otro de la carretera desierta.
Al llegar a casa le quitaron las alpargatas, el Tito estaba empeñado en que era muy sano caminar descalzo por el jardín para endurecer los pies. Como no encontró nada mejor que hacer se subió a la terraza,para intentar espiar a los mayores que almorzaban chuletillas y se ventilaban una jarra de clarete en el porche. No paraban de reír, pero el no se enteró de nada interesante. El sol pegaba blandito y Julio Iglesias sonaba de fondo. Se fue a la parte de atrás a espiar a ver si por fin llegaban los del chalé de enfrente. Mientras esperaba, tatuó su inicial en una de las hojas del cactus. Se dio cuenta de que era medio bobo: cuando lo vieran los mayores sabrían sin lugar a dudas quién había vuelto a jorobar los cactus a pesar de las advertencias. Intentó tachar la R, pero se le fue la mano y agujereó la hoja. Dejo entonces su puesto de vigilancia para alejarse del lugar del crimen y se fue a la viña. Al rato oyó como lo llamaban para comer. Se sentó junto a Josefita. Le echó pan y pimiento al gazpacho y le metió al Teide un par de patadas por debajo de la mesa. Despues de comer lo llevaron a dormir la siesta. Necesito un par de nalgadas antes de quedarse dormido entre hipos. El despertar de la siesta resulto irreal, la habitación estaba fresquita y en penumbra, él tenía la nuca totalmente sudada. No se oía ni el volar de una mosca. Salió al jardín sin hacer ruido no fuese a ser que lo obligasen a seguir durmiendo. Ya habían pasado las horas de máximo sol, pero todavía hacia calor. Comió un par de higos directamente del árbol. Se dirigió a la esquina donde estaba de adorno una bomba con forma de supositorio gigante y con ayuda de una azada cavó a sus pies un agujero y escondió la caja de tesoros. Después se subio al cerezo de junto al invernadero y se zampó un par de docenas de cerezas. Le entro sed. Bajó, encendió la manguera y bebio a morro, al principio el agua salio calentorra y poco a poco fue enfriándose hasta salir casi helada. En esas estaba, cuando Mariano, a traición, le quito la manguera y le enchufo directamente a la cara. Salió corriendo y gritando. Su madre llego por la espalda y le tiró a Mariano un cubo de agua por la cabeza. La guerra acababa de empezar: dos o tres cogieron las mangueras, el resto se conformo con cubos de agua que llenaban en el estanque, en la cocina o en el garaje. Se lio la marimorena. El aprovecho el jaleo para colarse en el salón, abrir el mueble y coger un par de onzas de chocolate y unas pastas. Tuvo que ir corriendo al baño, otra vez tenia la tripa mal. Salió y se lo dijo a su madre. Ella y la Tita sonrieron y le dieron un par de pastillas de "Lacteol", con la suerte de que eran las últimas del tubito y se pudo quedar con el para jugar, apretándolo por la mitad y haciendo saltar el tapón como si fuese un cañón. Merecía la pena ponerse malo de vez en cuando si tenias la suerte de ser el que acababa el tubito...
Volvió a la parte trasera del jardín para seguir con su labor de espionaje. Mientras, trató de ganarse a los gatos poniendose a cuatro patas e imitar sus movimientos, pero no lo consiguió. Parecía que hoy tampoco llegaría María. Empezaba a oscurecer cuando se cansó y entro en casa. La dama de noche desprendía un olor riquisimo. Sus hermanos estaban en el sofá junto a la chimenea apagada viendo la tele. Los mayores estaban jugando a la canasta. Se sentó, cogió una mesa plegable, sus rotuladores y sus cuadernos y se puso a dibujar. Cuando vio levantarse al Tito para ir a la cocina fue detrás de él, sabía que se iba a preparar un cubata. El Tito le guiño un ojo y le dio más de la mitad del botellín de cocacola que le sobraba. Se la bebió a escondidas en la cocina y volvió al salón para pelearse con su hermano y putear al Teide.
-"Niños ¿por que ladra el Teide?, dejadlo en paz de una vez."
Lo mandaron a la huerta a por un poco de perejil para las tortillas de la cena. Corrió como un loco los no más de cincuenta metros que separaban la huerta de la casa y volvio jadenado con el perejil arugado en el puño. Intentó que no notasen el miedo que había pasado.
Les pusieron a cada uno la cena en su mesita y cenaron viendo la tele, sin poder enterarse de lo que contaban, porque los mayores que habían vuelto a sus cartas, cada rato les mandaban bajar el volumen. Terminó de cenar, le dio otra patada a hurtadillas al Teide y se acercó a la mesa a ver como iba la partida. Ahí fue cuando los mayores se dieron cuenta de que había que mandarlos a la cama. Les prometieron que la día siguiente irian al pantano. El y su hermano mayor dormían en la misma habitación en el añadido al garaje. Estaba agotado. Se quitó el bañador, el niqui de superman y las alpargatas y se puso el pijama. Se metió en la cama. Se durmió pensando en María. Terminaba otro día en el paraíso...

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3 comentarios:

Temujin dijo...

Algunas vacaciones, tienen estas cosas... vas como añadido al percal.... sobre todo los niños...

María dijo...

¡¡Jo, KOKY, con este final que le has puesto me dejas a mi soñando con el niño de los mofletes!!:-)

Pero de verdad..¡¡qué bonitos debieron ser tus veranos en casa de tus tíos!! incluso con esas palmadas para dormir la siesta y todo... se te ve paladeando cada segundo de tus recuerdo...

Me gustaría que pudieras leer un libro escrito en gallego ( para niños:-) que se titula TONECHU, leyendo tus historias de cuando eras pequeñajo, parece que reescribes capítulos de él ¿no serás tú el inspirador de Tonechu verdad? verás él se venía a vivir a casa de sus abuelos en una aldea gallega...


es un gusto leer tus recuerdo, KOKY, ojalá tu María pudiera darse este gusto:-) bueeno, sé que no te vale, pero yo lo hago encantada por ella:-)


Un besito... cuando tengas un ratito, pásate a verme un día ¿vale? ahora mismo creo que lo que hay colgado te gustaría... y además... te preparo tostadas jajaja

Atapuerques dijo...

Bonito recuerdo de la niñez de "niño de capi".
Saludos y buena cosecha.