jueves, 22 de diciembre de 2016

AYER PISE UNA MIERDA

Quién más quién menos, todos, en alguna ocasión, por muy guays que seamos hemos pisado una mierda. No una caca, no: ¡una mierda!. Pues a mi me tocó ayer (tampoco es la primera vez, pero juraría que hacía años que no me pasaba). Salía muy relajadito del fisio y para coger el coche decidí atajar y pisar metro y medio escaso de jardín. Llamarlo jardín es mucho llamarlo, de hecho me planteé por civismo no pisarlo y rodearlo, pero al fijarme que la hierba estaba tan alta y descuidada que llegaba a la mitad de la tibia, y como llevaba zapatillas deportivas y no iban a ser más de dos o  tres pisadas, me decidí por cruzar por la hierba y es ahí cuando ¡zas!: piso algo resbaloso -no me caí de espaldas de milagro- y rezo para que sea algún montón de hojas semi podridas por la humedad. Pero cuando miro la planta del pie, veo con una ilusión que para que os voy a contar, una plasta de mierda de perro (supongo, supongo, que no es que yo sea un experto en mierdas) de enormes dimensiones. Me cago en el puñetero animal (no en el perro, si no en el cerdo. El cerdo del dueño que no se preocupa de recoger los excrementos de su mejor amigo). Arrastro el pie por el césped, me quito la gran parte. Raspo, raspo y vuelvo a raspar la suela de la zapatilla contra el bordillo. ¡Hay que joderse con el puto cerdo!.
 Llego a la oficina. Me siento. Al rato empieza a apestar. Tengo que coger el flis-flis del ambientador, salir a la calle, rociarme la suela y con un monton de folios volver a raspar. Por lo menos el olor ha desaparecido, pero como la suela es rayada, la mierda (mi-er-da) se queda en los surcos y no hay manera. Todos sabemos que en estos casos o haces algo al respecto o tenemos mierda per sécula seculórum . Pues eso: que muy a mi pesar tenia que hacer algo al respecto...Asi que al salir de la ofi me tomé una cerveza donde Oscar y le cogí unos cuantos palillos (redondos que tienen un "umbral de quiebre" mayor que el de los palillos planos) y al aparcar el coche (en un garaje comunitario y más oscuro que la cueva de Alibaba), pacientemente me acerqué a la papelara (hay una de esas de suelo, es como un cajón enorme de chapa que esta dejado allí en el suelo junto a una columna, cerca de la curva en una zona bastante pobremente iluminada) y comencé a arañar la suela con el palillo y con un asco infinito. Por si eso ya fuese para poca risas, cada vez que alguien entraba o salía con el coche me miraban sin disimular sus temores de que fuese un yihadista o algún espécimen similar (mis pintas entre gitanillo y magrebí tienen entre otras este tipo de desventajas). Cada rato se apagaba la luz y tenia que empezar a menearme por el garaje a ver si algún detector de movimiento (programados para encenderse al paso de 1.500 kgs de coche, no por los saltitos de 65 kgs escasos de tirillas) hacía que las luces volviesen a darse.
¡Menuda estampa! Asi durante casi 15 minutos y para rematar la faena jodido de frío. Vamos,  la típica escena en la que si baja Angelina Joly y me ve cae rendidita a mis pies ante tal derroche de elegancia y glamour (ni el anuncio de tv del perfume de Carolina Herrera). Si al menos hoy me hubiese tocado el Gordo...